Lectura

Día de la Madre: celebra el Día de la Madre leyendo

Los 5 libros que no pueden faltar este Día de la Madre

 

Las madres se merecen lo mejor, por eso aquí te dejamos una selección de los mejores libros con los que acertarás  este día tan especial.

 

“La mansión de los chocolates” de Maria Nikolai

Esta novela te hará viajar desde Stuttgart, la cuna de los chocolates en Europa, hasta el lago de Garda de Thomas Mann y el Café Florian de Casanova en Venecia.
Stuttgart, 1903. Como hija de un próspero fabricante de chocolate, no parece que el futuro de Judith Rothmann vaya a estar sometido a muchos sobresaltos. Lo que se espera de ella es un buen matrimonio e hijos que aseguren la continuidad familiar. Pero las previsiones son engañosas y el destino, imprevisible. La aspiración de Judith es tener un rol importante en la compañía, y casarse sin estar enamorada no entra en sus planes. Mientras tanto, Hélène, su madre, cansada de una ciudad y un marido que ahogan su espíritu libre y apasionado, sigue una cura de reposo a orillas del lago de Garda. Allí descubre que todavía está a tiempo de cambiar su anodina vida en Alemania por otra independiente y libre en Italia.

 

 

La partitura interior” de Reginald Gaillard 

El sacerdote parisino Jean ha sido destinado a la Francia rural. Como narrador y testigo, Jean cuenta la historia de dos personas excepcionales: Charlotte, «la loca del pueblo», una mujer de fe cuya relación con la muerte es cercana y ritual, y Jan, un músico holandés, quien huye del dolor de un amor perdido y quiere componer su gran obra. Unidos por una búsqueda espiritual, de transcendencia, ambos procurarán la salvación del otro a través de gestos de amor y belleza, acompañados por la imponencia de la naturaleza: la tierra como lugar de protección, la pureza del agua y el fuego, y el viento como vehículo de melodías y lamentos.

 

“Prisionero en la Cuna” de Christian Bobin

En esta obra íntima y bellamente ilustrada, Christian Bobin evoca su infancia —hermosa a la par que terrible, como los ángeles— transcurrida en Le Creusot, en la Borgoña francesa, ciudad de la que nunca se ha ido. La delicadeza, sabiduría y brevedad aforísticas a las que acostumbra el autor invitan al lector a pasearse, rodeado de flores o bajo la nieve, por una ciudad en la que «porque no hay nada que ver, los ojos se empiezan a abrir y las visiones se multiplican».

 

 

 

Se llamaba Carolina” de José Jimenez Lozano

Esta novela es la evocación de la representación del «Hamlet» shakespeariano por artistas ambulantes y gentes de un pueblo de la meseta en la inmediata postguerra; y la evocación, por parte del narrador, de la figura de una de sus maestras, Carolina Donat, «una señorita maestra que iba a ser actriz y ha hecho de Ofelia en el teatro, y tiene además un Arlequín». Tiempos, vidas y teatro —un teatro que ya muchos piensan condenado por el cine— se entrecruzan de forma magistral a lo largo de sus páginas.

Las mujeres de la casa de las lilas” de Martha Hall Kelly

Septiembre de 1939. Tres mujeres en tres lugares del mundo viven el comienzo de la Segunda Guerra Mundial de manera muy diferente. En Estados Unidos, Caroline Ferriday trabaja como voluntaria para el consulado de Francia en Nueva York y ayuda a los que llegan de Europa hu-yendo de la guerra. En Polonia, la joven Kasia Kuzmerick debe madurar de golpe después de que las SS detengan a su padre. Y en Alemania, Herta Oberheuser, una ambiciosa doctora, acepta trabajar para el régimen nazi sin sospechar que se adentra en un territorio cruel. Sus historias se acabarán entrelazando cuando Caroline y Kasia decidan buscar justicia para las mujeres olvidadas del campo de concentración de Ravensbrück.

 

 

Las rosas olvidadas” de Martha Hall Kelly

En 1914, Eliza Ferriday, una socialité de Nueva York, viaja a San Petersburgo junto a su amiga Sofya, una prima de los Romanov, la dinastía que controla el destino de Rusia. Cuando Austria le declara la guerra a Serbia y empieza el declive de la dinastía imperial rusa, Eliza consigue regresar a su hogar, mientras que Sofya y su familia huyen de la violencia que se ha adueñado de las calles y se instalan en el campo. Como necesitan ayuda para las tareas de la casa, contratan a una joven criada, Varinka, sin ser conscientes del peligro que representa. Tras la llegada a Estados Unidos de ciudadanos rusos que huyen de la Revolución bolchevique, Eliza hace lo que puede para ayudarlos, y, al dejar de recibir cartas de su amiga Sofya, empieza a temerse lo peor.

 

 

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